No sabes nada, eres tonto, hay que ver que no das una en el clavo. Son frases a las que estamos acostumbrados, que siempre nos resultan familiares y que en más de una ocasión nos han aplicado a nosotros mismos. Y lo hacen los listos, los sabelotodos, los que lo tienen todo claro. Es difícil superar los complejos adquiridos en la infancia. Pero un día nos damos cuenta de que cada cual aprende lo que le interesa realmente, que no sirve de nada saber mucho si no se sabe para qué sirve lo que se sabe, que el conocimiento es selectivo y que el mecanismo de aprendizaje funciona más en función de nuestra curiosidad que de nuestra capacidad intelectual. Bienvenidos al mundo todos aquellos que os consideráis tontitos, cortitos, lentos, porque seguramente rebosáis bondad y respeto hacia los demás. Uníos, organizaos, haced valer vuestras opiniones, porque sois muchos más que los listorros de turno. En vuestras vacilaciones y dudas diarias residen vuestra humanidad y vuestra comprensión para con los demás. Y no olvidéis que muchos de los que lo tenían todo claro, un día se pararon a reflexionar y se dieron cuenta de que nada está realmente claro, comprendieron que la acera de enfrente es aquélla, pero desde aquí, porque desde allí es ésta, y contemplaron absortos cómo no eran dueños de nada, cómo siempre alguien jugaba al tenis mejor que ellos, cómo perdían a un familiar y esa pérdida les cambiaba la vida, y cómo vosotros y yo, los humildes, los sencillos, éramos capaces incluso de consolarlos cuando su seguridad se vino abajo. Y cuando volváis a oir la famosa frase "Tú no sabes nada", sed capaces de responder bajito, sin altanería, sin soberbia, "¿Y tú, qué sabes...?
domingo, 4 de noviembre de 2007
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